En las llanuras inundables y los manglares de la costa del Pacífico, entre Esmeraldas en el Ecuador y Buenaventura, vivieron durante mil años sociedades de pescadores, cazadores y agricultores que navegaron en el mar y trabajaron los metales. Los arqueólogos fechan su presencia desde el 700 a.C. hasta el 350 d.C. Otras sociedades sin orfebrería ocuparon luego la isla de El Morro y la llanura costera, y permanecieron hasta la Conquista. Sobre islotes rodeados de bosques de manglar las antiguas comunidades de Tumaco construyeron montículos y en ellos sus viviendas y enterramientos. Pescaron, recogieron frutos de mar, cazaron aves y pequeños mamíferos. Para cultivar en las llanuras del litoral adecuaron las tierras con zanjas y camellones. De las arenas de los ríos obtuvieron oro y platino que trabajaron por lo general en pequeños y delicados adornos. Las viviendas, de planta rectangular y techo a dos aguas, se levantaban sobre plataformas artificiales que las protegían de las inundaciones. Los navegantes se desplazaban en canoa a lo largo de las costas, de isla en isla e incluso hacia las llanuras, ya que la marea alta facilitaba la navegación al inundar los manglares, las bocanas y los esteros. Pesas para red en piedra y anzuelos de oro se encuentran con frecuencia y son evidencia de las actividades de pesca. Las figuras de cerámica eran por lo general pintadas pero han perdido el color con el paso del tiempo. Sellos y rodillos eran los utensilios utilizados para pintarse el cuerpo. En 1756 Fray Juan de Santa Gertrudis visitó la Costa Pacífica y relató su experiencia en el libro “Maravillas de la naturaleza”: “Hállanse allí por lo regular varias figuritas hechas de barro con mucha perfección… Hállanse también hechas de oro con los ojos de esmeraldas, hállanse también unas cuentecitas de oro hechas de filigrana, tan chicas como la cabeza de un alfiler…” También escribió Santa Gertrudis: “Llaman a este pueblo La Tola porque todo está lleno de tolas que quiere decir montones de tierra… Son entierros de los indios antiguos, y como ellos se enterraban con cuanto tenían, en alguna se ha encontrado bastante riqueza…” El privilegio de ser enterrados bajo montículos de tierra correspondía a los caciques, quienes dirigían la vida económica y ceremonial de comunidades numerosas y organizadas. También eran destacados por el uso de objetos suntuosos como colgantes, diademas y narigueras de oro, que los acompañaron en sus tumbas. En La Tolita algunos montículos o tolas contienen ollas superpuestas en forma de columna, llamados timburas. REFLEXIONA: ¿Qué hacían los tumaqueños antes de los españoles? ¿De qué raza eran? ¿Cuáles eran las riquezas de Tumaco en aquella época? Tomado de: Museo del oro- Bogotá- Banco de la República http://www.banrep.gov.co/museo/esp/s_tum01.htm |
El Centro Cultural Afro de Tumaco es una iniciativa liderada por los jóvenes afros del Barrio Nuevo Milenio acompañados por los Misioneros Combonianos. Pretende ser un espacio de fortalecimiento de su identidad cultural y de su creatividad a través de la danza, manualidades, biblioteca comunitaria, deporte, recreación, espiritualidad y todas las iniciativas que estos jóvenes deseen emprender.
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24 de marzo de 2011
Historia de Tumaco Antes de Cristo
HISTORIA DE TUMACO POR EMILIANO DIAZ DEL CASTILLO
Las grandes cosas, como las pequeñas, tiene un principio grácil, imperceptible acaso. Así se inician la vida del hombre y la vida de los pueblos. El tiempo, enemigo de lo perdurable, es huracán que invisible pasa implacable, en carrera que nunca termina, segando existencias, y con ellas sepultando ilusiones, sueños y esperanzas.
El hombre, rey de la creación, único ser en ella semejante a Dios por la luz de la razón, sabe que no perecerá jamás, que fue creado para vivir por siempre, más allá de los siglos y los milenios. Y Dios le dio en la carne caduca y frágil el camino de la supervivencia al hacerlo fuente de vida que se renueva en los hijos, porque en los hijos nos prolongamos con un amor que es alegría, sueños y esperanzas.
De la niebla espesa del pretérito surgen los pueblos como pequeñas plantas que crecen, se fortalecen y logran la madurez de los frutos, que perdura en los logros de la ciencia y en las obras de arte.
Tal ha sucedido con la Perla del Pacífico, el puerto de la Mar del Sur, San Andrés de Tumaco. En su territorio, que como hoy se dilataba al sur y al norte adentrándose en el continente, en lejana y remota antigüedad brilló una cultura indígena que se perpetuó hasta nuestros días en sus obras de cerámica, lítica y orfebrería; obras de la inteligencia y del arte que encierran el espíritu de sus autores y representan el nivel cultural de ese pueblo, en grado tal, que sus realizaciones le merecen distinguirse con nombre propio: la Cultura Tumaco.
Cultura Tumaco, porque esas realizaciones son el resultado del cultivo de los conocimientos humanos y de la aplicación de las dotes naturales de seres privilegiados que sintieron aletear en el interior de su ser la belleza con que se vestía la naturaleza en los amaneceres marinos, la solemnidad de los atardeceres, cuando el sol se besaba con las aguas y ardiendo en rojas llamaradas se hundía en las ondas tiñéndolas con el rojo encendido de los crepúsculos.
Los artistas de la Cultura Tumaco se sintieron poseídos por el embrujo de esta naturaleza bravía y exuberante, y vaciaron en sus trabajos las sensaciones que llenaban su alma, fecundaban la mente y aceleraban su corazón.
En su obra Maravillas de la Naturaleza, Fray Juan de Santa Gertrudis dejó constancia en 1760 de la admiración que le merecieron las pequeñas figuras de ceramica que representaban a hombres, mujeres y niños con pasmosa fidelidad, destacando, como no lo hizo ninguna otra de las culturas indígenas de su tiempo las peculiaridades, los defectos y deformaciones de rostros y cuerpos. Era la suya una artesanía que más que imitar las características humanas, las retrataba fielmente.
Aunque algunos estudiosos creen que la Cultura Tumaco se meció en la cuna de Mesoamérica y otros estiman que el litoral ecuatoriano dilató hasta nuestras costas su influencia. Debemos observar con base en dataciones hechas con carbono 14, que fue más antiguamente habitada la zona de Tumaco que la de la costa ecuatoriana, particularmente de la Tolita. En la región de Tumaco existió población humana desde la mitad del primer milenio antes de nuestra era o sea desde hace 2.500 años. De manera que la zona litoral nariñense fue ocupada por el hombre antes que nuestra región andina.
Sobra decir que en lo que hoy es Tumaco existió población indigena desde mucho antes del descubrimiento de América; cuando en 1526 don Francisco Pizarro arribó a la isla, encontró la tribu de los Tumas, vivían principalmente de la pesca y descendían de los Caras, pueblo peruano que se apoderó del territorio de Esmeraldas y se estableció en tierras de Tumaco.
La ciudad europea se fundó con base en esa población indígena, cuando el padre Onofre Esteban adelantó su trabajo misional en la costa del Pacífico en 1598, labor espiritual y material que culminó en 1613. Durante los 15 años en que se efectuó esa labor se establecieron las parroquias de Atacames, San Mateo de las Esmeraldas y San Andrés de Tumaco, de ahí que la fundación de Tumaco debió cumplirse hacia 1610, y fue esa la primera intervención española en la organización social de San Andrés de Tumaco.
Por lo dicho, la Tumaco española fue anterior a las ciudades San Francisco de Sotomayor, San Felipe de Austria, Santiago del Príncipe y a los Reales de Minas de Yacula y Nuestra Señora de la Paz, y anterior también a la primera fundación de Santa María del Puerto de la Nueva Toledo, la legendaria y noble Santa María del Puerto de las Barbacoas.
Tumaco creció como conglomerado humano y adquirió importancia como puerto marítimo, como crece la espuma en sus playas al arrullo de las olas, y perduró domeñando la adversidad, mientras las otras ciudades, aquellas bautizadas con tan sonoros y llamativos nombres, desaparecieron tras el velo del tiempo consumidas por el irremediable abandono de sus habitantes, fue excepción Barbacoas, sus cimientos fundados sobre el oro de sus tierras y de las ricas arenas del Telembí resistieron los ataques de los indios y superaron la violencia destructora del fuego que la castigó inclemente.
Y Tumaco se constituyó en el Puerto de la Mar del Sur, ya era conocida como tal en 1628, a sus playas arribaban embarcaciones de lugares distantes, era lugar de obligada escala para los barcos que de Panamá surcaban las aguas tormentosas del mal llamado Pacífico.
Como todas las fundaciones españolas, en sus comienzos fue asaltada por los indígenas que rechazaban la presencia de esos extraños seres blancos y barbados. Los sindaguas atacaron a Tumaco por los ríos Patía, Chaguí y Rosario, fue entonces cuando se determinó fundar la ciudad de Santa Bárbara, puerto de la Isla del Gallo, en donde el hidalgo capitán Ambrosio de Cuéllar construyó la primera iglesia en la nueva ciudad, de la que fueron sus primeros alcaldes los capitanes Antonio de Peralta y Hernando Sánchez Cortés. Santa Bárbara se fundó para proteger a Tumaco.
En el siglo XVII vivió Tumaco la juventud primaveral de las bellas doncellas, de ahí en la segunda mitad de ese siglo despertó la codicia de los piratas. Para fortuna de la princesita marina, los varones de San Juan de Pasto la protegieron como la más preciada joya, muestra de ello las determinaciones de su Cabildo el 27 de febrero de 1671, cuando los piratas ingleses y holandeses habían tomado el castillo de Chagre y la ciudad de Panamá, al tiempo que sitiaron la ciudad de Valdivia. Pasto, entonces, se puso sobre las armas para defender a Tumaco, se organizó una milicia que comprendió a los varones de la ciudad desde los 12 años.
El peligro que significaban los piratas continuó. En 1680 los hermanos Capitán Pedro y Sargento Ciprián de Cuéllar custodiaron el puerto durante seis meses ante las amenazas de los filibusteros. Y Tumaco, a su vez, auxilió a otras ciudades; en efecto, desde Tumaco el Superintendente General de las Armas, don Bartolomé de Estupiñán y Flórez, en un bergantin con 25 hombres fue en socorro de Panamá. También ese año el sevillano don Pedro de Morales hizo guarnición en San Andrés de Tumaco y en Santa Bárbara de la isla del Gallo durante ocho meses.
En 1681 piratas ingleses hostilizaron a Tumaco y Santa Bárbara con 1.680 hombres, robaron en la ciudad y el Teniente de Gobernador don Juan de Godoy, con tropa de Pasto, defendió a Tumaco, emboscó al pirata, mató a seis de sus hombres, tomó un prisionero y se batió con el jefe Wolmen, tomó a los piratas un bergantín y puso guarnición durante ocho meses en Santa Bárbara de la isla del Gallo.
En junio de 1684 el corsario flamenco Eduardo David tomó a Tumaco a sangre y fuego y se llevó a las mujeres que pudo capturar. Y tres años después, en 1687, seis barcos piratas fondearon frente a Santa Bárbara de la isla del Gallo, por fortuna no atacaron a esa ciudad ni a Tumaco. Las amenazas y ataques de los piratas acabaron con Santa Bárbara de la isla del Gallo, la que en 1688 estaba totalmente abandonada.
Llegó asi, entre sobresaltos y angustias el siglo XVIII. La Audiencia de Quito expidió real cédula que se obedeció el 12 de enero de 1749, por ese instrumento se agregaron Tumaco y su isla a la jurisdicción de Quito, pero el 14 de noviembre de 1757 el Virrey de Santafé don Joseph Solis Folch de Cardona restituyó al dominio de la Gobernación de Popayán la isla y su puerto.
En 1781 singulares acontecimientos conmovieron la paz y tranquilidad del puerto, el movimiento popular de los Comuneros de Tumaco. Encabezaron la insurrección Juan Bautista Vallejo, Esteban de Erazo e Ignacio Sudario. Depusieron al Teniente de Gobernador don Honesto Ramón Gómez e instauraron en su lugar a don José de Vallejo que se mantuvo en el gobierno hasta el 31 de diciembre de 1782. Episodio de gloria que, igual que el de los Comuneros del Socorro, fue presagio del gran movimiento que se coronaría con la victoria al conquistar la libertad y la independencia de nuestra Patria.
Tumaco había crecido, existían en la ciudad Real Estanco y Casa Real, guarnición armada y cárcel pública, en 60 casas habitaban 70 familias con 391 personas, sin contar 32 que vivian en El Morro; Tumaco y sus lugares inmediatos albergaban entonces a 2.497 habitantes.
La historia de Tumaco en el siglo XIX es rica y bastante conocida, de ella bien vale la pena recordar que en 1806 los vecinos del puerto apresaron el bergantín inglés El Vigilante, calaba 21 pies, estaba armado con 10 cañones y su andadura era de 13 millas; se avaluó en 35 mil pesos y lo compraron vecinos de Barbacoas, entre ellos don Manuel Torres, hermano del prócer don Camilo. El último ataque de los piratas ingleses a Tumaco se cumplió en plena guerra de independencia.
Hasta 1835 los cantones de Tumaco y Barbacoas formaron parte de la provincia de Buenaventura, el Congreso de ese año los agregó a la provincia de Pasto. Fue ese un acto de justicia y conveniencia. De justicia porque Pasto había estado durante la colonia atenta y constantemente preocupada por la defensa de Tumaco, siempre amenazada por los piratas, y porque dio Pasto el mayor aporte de población blanca a la codiciada Perla del Pacífico; de conveniencia porque habían existido y perduraban mayor comunicación y comunidad de intereses que con Buenaventura, cabecera aquella de la provincia que veia en Tumaco un puerto rival antes que una parte importante de su territorio.
Esta estrecha síntesis de la historia de Tumaco es suficiente para destacar su importancia.
EMILIANO DIAZ DEL CASTILLO ZARAMA
El hombre, rey de la creación, único ser en ella semejante a Dios por la luz de la razón, sabe que no perecerá jamás, que fue creado para vivir por siempre, más allá de los siglos y los milenios. Y Dios le dio en la carne caduca y frágil el camino de la supervivencia al hacerlo fuente de vida que se renueva en los hijos, porque en los hijos nos prolongamos con un amor que es alegría, sueños y esperanzas.
De la niebla espesa del pretérito surgen los pueblos como pequeñas plantas que crecen, se fortalecen y logran la madurez de los frutos, que perdura en los logros de la ciencia y en las obras de arte.
Tal ha sucedido con la Perla del Pacífico, el puerto de la Mar del Sur, San Andrés de Tumaco. En su territorio, que como hoy se dilataba al sur y al norte adentrándose en el continente, en lejana y remota antigüedad brilló una cultura indígena que se perpetuó hasta nuestros días en sus obras de cerámica, lítica y orfebrería; obras de la inteligencia y del arte que encierran el espíritu de sus autores y representan el nivel cultural de ese pueblo, en grado tal, que sus realizaciones le merecen distinguirse con nombre propio: la Cultura Tumaco.
Cultura Tumaco, porque esas realizaciones son el resultado del cultivo de los conocimientos humanos y de la aplicación de las dotes naturales de seres privilegiados que sintieron aletear en el interior de su ser la belleza con que se vestía la naturaleza en los amaneceres marinos, la solemnidad de los atardeceres, cuando el sol se besaba con las aguas y ardiendo en rojas llamaradas se hundía en las ondas tiñéndolas con el rojo encendido de los crepúsculos.
Los artistas de la Cultura Tumaco se sintieron poseídos por el embrujo de esta naturaleza bravía y exuberante, y vaciaron en sus trabajos las sensaciones que llenaban su alma, fecundaban la mente y aceleraban su corazón.
En su obra Maravillas de la Naturaleza, Fray Juan de Santa Gertrudis dejó constancia en 1760 de la admiración que le merecieron las pequeñas figuras de ceramica que representaban a hombres, mujeres y niños con pasmosa fidelidad, destacando, como no lo hizo ninguna otra de las culturas indígenas de su tiempo las peculiaridades, los defectos y deformaciones de rostros y cuerpos. Era la suya una artesanía que más que imitar las características humanas, las retrataba fielmente.
Aunque algunos estudiosos creen que la Cultura Tumaco se meció en la cuna de Mesoamérica y otros estiman que el litoral ecuatoriano dilató hasta nuestras costas su influencia. Debemos observar con base en dataciones hechas con carbono 14, que fue más antiguamente habitada la zona de Tumaco que la de la costa ecuatoriana, particularmente de la Tolita. En la región de Tumaco existió población humana desde la mitad del primer milenio antes de nuestra era o sea desde hace 2.500 años. De manera que la zona litoral nariñense fue ocupada por el hombre antes que nuestra región andina.
Sobra decir que en lo que hoy es Tumaco existió población indigena desde mucho antes del descubrimiento de América; cuando en 1526 don Francisco Pizarro arribó a la isla, encontró la tribu de los Tumas, vivían principalmente de la pesca y descendían de los Caras, pueblo peruano que se apoderó del territorio de Esmeraldas y se estableció en tierras de Tumaco.
La ciudad europea se fundó con base en esa población indígena, cuando el padre Onofre Esteban adelantó su trabajo misional en la costa del Pacífico en 1598, labor espiritual y material que culminó en 1613. Durante los 15 años en que se efectuó esa labor se establecieron las parroquias de Atacames, San Mateo de las Esmeraldas y San Andrés de Tumaco, de ahí que la fundación de Tumaco debió cumplirse hacia 1610, y fue esa la primera intervención española en la organización social de San Andrés de Tumaco.
Por lo dicho, la Tumaco española fue anterior a las ciudades San Francisco de Sotomayor, San Felipe de Austria, Santiago del Príncipe y a los Reales de Minas de Yacula y Nuestra Señora de la Paz, y anterior también a la primera fundación de Santa María del Puerto de la Nueva Toledo, la legendaria y noble Santa María del Puerto de las Barbacoas.
Tumaco creció como conglomerado humano y adquirió importancia como puerto marítimo, como crece la espuma en sus playas al arrullo de las olas, y perduró domeñando la adversidad, mientras las otras ciudades, aquellas bautizadas con tan sonoros y llamativos nombres, desaparecieron tras el velo del tiempo consumidas por el irremediable abandono de sus habitantes, fue excepción Barbacoas, sus cimientos fundados sobre el oro de sus tierras y de las ricas arenas del Telembí resistieron los ataques de los indios y superaron la violencia destructora del fuego que la castigó inclemente.
Y Tumaco se constituyó en el Puerto de la Mar del Sur, ya era conocida como tal en 1628, a sus playas arribaban embarcaciones de lugares distantes, era lugar de obligada escala para los barcos que de Panamá surcaban las aguas tormentosas del mal llamado Pacífico.
Como todas las fundaciones españolas, en sus comienzos fue asaltada por los indígenas que rechazaban la presencia de esos extraños seres blancos y barbados. Los sindaguas atacaron a Tumaco por los ríos Patía, Chaguí y Rosario, fue entonces cuando se determinó fundar la ciudad de Santa Bárbara, puerto de la Isla del Gallo, en donde el hidalgo capitán Ambrosio de Cuéllar construyó la primera iglesia en la nueva ciudad, de la que fueron sus primeros alcaldes los capitanes Antonio de Peralta y Hernando Sánchez Cortés. Santa Bárbara se fundó para proteger a Tumaco.
En el siglo XVII vivió Tumaco la juventud primaveral de las bellas doncellas, de ahí en la segunda mitad de ese siglo despertó la codicia de los piratas. Para fortuna de la princesita marina, los varones de San Juan de Pasto la protegieron como la más preciada joya, muestra de ello las determinaciones de su Cabildo el 27 de febrero de 1671, cuando los piratas ingleses y holandeses habían tomado el castillo de Chagre y la ciudad de Panamá, al tiempo que sitiaron la ciudad de Valdivia. Pasto, entonces, se puso sobre las armas para defender a Tumaco, se organizó una milicia que comprendió a los varones de la ciudad desde los 12 años.
El peligro que significaban los piratas continuó. En 1680 los hermanos Capitán Pedro y Sargento Ciprián de Cuéllar custodiaron el puerto durante seis meses ante las amenazas de los filibusteros. Y Tumaco, a su vez, auxilió a otras ciudades; en efecto, desde Tumaco el Superintendente General de las Armas, don Bartolomé de Estupiñán y Flórez, en un bergantin con 25 hombres fue en socorro de Panamá. También ese año el sevillano don Pedro de Morales hizo guarnición en San Andrés de Tumaco y en Santa Bárbara de la isla del Gallo durante ocho meses.
En 1681 piratas ingleses hostilizaron a Tumaco y Santa Bárbara con 1.680 hombres, robaron en la ciudad y el Teniente de Gobernador don Juan de Godoy, con tropa de Pasto, defendió a Tumaco, emboscó al pirata, mató a seis de sus hombres, tomó un prisionero y se batió con el jefe Wolmen, tomó a los piratas un bergantín y puso guarnición durante ocho meses en Santa Bárbara de la isla del Gallo.
En junio de 1684 el corsario flamenco Eduardo David tomó a Tumaco a sangre y fuego y se llevó a las mujeres que pudo capturar. Y tres años después, en 1687, seis barcos piratas fondearon frente a Santa Bárbara de la isla del Gallo, por fortuna no atacaron a esa ciudad ni a Tumaco. Las amenazas y ataques de los piratas acabaron con Santa Bárbara de la isla del Gallo, la que en 1688 estaba totalmente abandonada.
Llegó asi, entre sobresaltos y angustias el siglo XVIII. La Audiencia de Quito expidió real cédula que se obedeció el 12 de enero de 1749, por ese instrumento se agregaron Tumaco y su isla a la jurisdicción de Quito, pero el 14 de noviembre de 1757 el Virrey de Santafé don Joseph Solis Folch de Cardona restituyó al dominio de la Gobernación de Popayán la isla y su puerto.
En 1781 singulares acontecimientos conmovieron la paz y tranquilidad del puerto, el movimiento popular de los Comuneros de Tumaco. Encabezaron la insurrección Juan Bautista Vallejo, Esteban de Erazo e Ignacio Sudario. Depusieron al Teniente de Gobernador don Honesto Ramón Gómez e instauraron en su lugar a don José de Vallejo que se mantuvo en el gobierno hasta el 31 de diciembre de 1782. Episodio de gloria que, igual que el de los Comuneros del Socorro, fue presagio del gran movimiento que se coronaría con la victoria al conquistar la libertad y la independencia de nuestra Patria.
Tumaco había crecido, existían en la ciudad Real Estanco y Casa Real, guarnición armada y cárcel pública, en 60 casas habitaban 70 familias con 391 personas, sin contar 32 que vivian en El Morro; Tumaco y sus lugares inmediatos albergaban entonces a 2.497 habitantes.
La historia de Tumaco en el siglo XIX es rica y bastante conocida, de ella bien vale la pena recordar que en 1806 los vecinos del puerto apresaron el bergantín inglés El Vigilante, calaba 21 pies, estaba armado con 10 cañones y su andadura era de 13 millas; se avaluó en 35 mil pesos y lo compraron vecinos de Barbacoas, entre ellos don Manuel Torres, hermano del prócer don Camilo. El último ataque de los piratas ingleses a Tumaco se cumplió en plena guerra de independencia.
Hasta 1835 los cantones de Tumaco y Barbacoas formaron parte de la provincia de Buenaventura, el Congreso de ese año los agregó a la provincia de Pasto. Fue ese un acto de justicia y conveniencia. De justicia porque Pasto había estado durante la colonia atenta y constantemente preocupada por la defensa de Tumaco, siempre amenazada por los piratas, y porque dio Pasto el mayor aporte de población blanca a la codiciada Perla del Pacífico; de conveniencia porque habían existido y perduraban mayor comunicación y comunidad de intereses que con Buenaventura, cabecera aquella de la provincia que veia en Tumaco un puerto rival antes que una parte importante de su territorio.
Esta estrecha síntesis de la historia de Tumaco es suficiente para destacar su importancia.
EMILIANO DIAZ DEL CASTILLO ZARAMA
TOMADO DE : http://orbita.starmedia.com/tumaco2000/historia_1.htm
HISTORIA DE TUMACO
La creación de Tumaco Al comienzo de los tiempos, unos inmensos peces rojos salieron desde un lugar muy lejano a recorrer los mares del mundo. Eran tres vigorosos pargos rojos. Fueron enviados por Yemayá, madre de la vida y de las aguas, a reconocer sus dominios. Durante miles de años navegaron por todos los océanos de la tierra. Un día se sintieron fatigados y se quedaron a descansar en los esteros de la costa pacífica nariñense la brisa de la tarde los adormeció, las olas los arrullaron y pronto se quedaron profundamente dormidos. Poco a poco las mareas infatigables los cubrieron de arena. Después una frondosa vegetación apareció sobre sus lomos y las lluvias torrenciales formaron riachuelos caudalosos. Así aparecieron las tres islas mayores que hacen parte del archipiélago de San Andrés de Tumaco.
Vinieron a buscar los tesoros que las leyendas indígenas mencionaban. Encontraron unos pequeños caseríos habitados por unos indígenas agricultores y pescadores que también habían escuchado las mismas narraciones fantásticas. Decepcionados, los invasores se marcharon apresuradamente. Jamas imaginaron que navegando a contra corriente por los caudalosos ríos, podrían encontrar inmensas cantidades del metal dorado que ambicionaban hasta el delirio. Años mas tarde, millones de mujeres y hombres africanos fueron arrancados de sus aldeas y transportados a América. Fueron traídos como esclavos a trabajar en los cultivos, ganaderías y minas que los españoles explotaban. Pero muchos de estos hombres y mujeres procedentes de Africa se fugaron de las propiedades de sus amos y formaron los palenques que eran territorios donde podían vivir en libertad. Otros trabajaron arduamente para comprar su libertad, o se beneficiaron con la ley que abolió la esclavitud, pero nunca pudieron volver a su tierra natal. Para vivir en América, los africanos y sus descendientes eligieron las tierras ardientes de las riberas de los ríos o las orillas del mar muchos de ellos prefirieron los ríos, los manglares y las tierras de la costa pacífica. De ese modo llegaron los negros a Tumaco. En los últimos tiempos, muchas gentes provenientes de todas las regiones del país han venido a Tumaco. Junto con los negros, mulatos, indios y mestizos han conformado una población multiracial que trabaja arduamente para construir un futuro mejor para todos. Nuestros abuelos dicen que las detonaciones producidas por la dinamita que utilizan algunos pescadores pueden perturban el milenario sueño de los peces que sostienen las islas. Cuando los míticos pargos rojos se desperezan, provocan gigantescos oleajes que inundan las calles y barrios de Tumaco Cada cierto tiempo, los inmensos pargos rojos que sostienen las islas de Tumaco se mueven debajo de las aguas para cambiar de costado y desentumecerse. Cuando así ocurre, el mar y la tierra se agitan violentamente provocando cataclismos y tragedias dolorosas.
COLABORACIÓN: HELMER HERNANDEZ ROSALES
COLABORACIÓN: PIEDAD AYORA de QUIÑONES (qdDg)
El desvelo histórico de generaciones cultas, ligadas a las del presente, logró por fin despejar la incógnita que existía en torno de la fundación de Tumaco, pueblo suí géneris y de frecuentes controversias.
Resultaba imposible que una población como Tumaco, que por su posición geográfica invita a la estrategia a detenerse, avanzara con el tiempo ignorando su orgullosa procedencia.
El primer nombre que recibió Tumaco, confirmó la calidad humana de las gentes a partir de sus ancestros.
Antes del descubrimiento de la América, entre las diferentes clases de aborígenes que se establecieron en nuestro continente, del Perú llegó hasta nuestra costa (lo que hoy comprende el Litoral Pacífico nariñense), una tribu que se denominó "Tumapaes", que en su dialecto traducía: "Tierra de abejas", descendientes de los indios "Caras", los que se diseminaron entre Tumaco y ríos aledaños, avanzando hasta el Patía, al que llamaron río Sucio.
A esta tribu se le atribuye la fundación de nuestra región, dándole a Tumaco el nombre de "Tumatai", que significa "Tierra del hombre bueno". Los indios "Tumapaes", cuya cultura superó a la de los "Cayapas", establecidos en lo que es hoy la provincia de Esmeraldas (Ecuador), por organización social imponían lo que ellos llamaban el "curi caricao" que significaba: "La gran parcela de todos", tuvieron como primer cacique al indio "Tumaipaita", quien los guió por sistemas del bien, distanciados del sometimiento.
Tribu esencialmente pacífica, amistosa y laboriosa, se dedicó a diferentes actividades específicas de su cultura, la pesca, la agricultura, la extración de oro de los ríos de la región y la orfebrería.
Su dialecto fue el "tumas" que contaba con un alfabeto flexible de cambio fonético. Mientras el alfabeto era rico, la fonética no lo era, por eso pocos blancos lo hablaron, los negros ninguno.
Los "Tumapaes", adoraban al sol, la luna, al mar y a un ser superior no materializado.
Nuestro pueblo aparece por primera vez con el nombre de Tumaco que significa "Tierra de entierros", debido a que un grupo de indios de la tribu "Tumapaes" encontró muchas vasijas de barro a la orilla del mar, los que creyeron que se trataba de un regalo del más allá, entonces el cacique "Tumatinga" (Tierra del amor sol), le cambió el nombre de "Tumatai", por el de Tumaco.
LOS 13 DE LA FAMA LA RAYA DE FRANCISCO PIZARRO Y LA ISLA DEL GALLO.
En la ciudad de Panamá, el 11 de marzo de 1.526, Diego de Almagro, el padre Luque y Francisco de Pizarro, firmaron un contrato para descubrir las tierras de los Incas (Perú). Comulgan en la Catedral de Panamá, los tres con la misma hostia.
La expedición sale rumbo al sur, durante la travesía Francisco de Pizarro es hostigado por la tripulación para regresar a Panamá debido a la falta de alimentos, de agua, a enfermedades y a las torrenciales lluvias del Pacífico.
El 17 de marzo, saltó en la isla donde oyó cantar un gallo (de ahi el nombre de Isla del Gallo) y en la playa de la misma, trazó con su espada de oriente a poniente, una raya diciendo: Los que se determinen a seguir la conquista pasasen la raya y los demás volviesen a Panamá. Un puñado de 13 valientes traspasaron la raya llamados por los historiadores los 13 de la fama, los demás con Diego de Almagro regresaron a Panamá. El piloto del barco Martín Trujillo, murió en la Isla del Gallo. Francisco de Pizarro, conquistó el Perú.
COLABORACIÓN: HELENA JIMENEZ SICARD de LOZANO
ESTE TEXTO ESTÁ TOMADO DE: http://orbita.starmedia.com/tumaco2000/historia.html
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